Women at Work

No es país para trabajadoras

¿Por qué resulta tan difícil para las mujeres trabajar en India?

India acarrea la triste fama de ser uno de los peores países para ser mujer del mundo. Al hacer una búsqueda en Google con las palabras “mujer” e “India” la mayoría de los resultados son historias de violaciones, abusos y discriminación. Y, desgraciadamente, esta es, en gran parte, la realidad india para la mujer. La violencia doméstica sigue siendo crónica en el país; a pesar de que la tradición de la dote (dowry) está penalizada desde hace décadas, aún es práctica habitual en muchas regiones.

Pero en los casi dos años que llevo viviendo en este país, he descubierto que ni todas las mujeres indias son víctimas, ni la misoginia es un rasgo inherente y ligado a la historia de India. Lo cierto es que esta es una nación tremendamente compleja, en la que la tradición patriarcal es aún mayoritaria, pero donde también existen figuras femeninas extraordinarias: India fue el segundo país del mundo (después de Sri Lanka) en elegir a una mujer, Indira Gandhi, como líder de un gobierno democrático en 1966 (aún estoy esperando a ver algo así en Estados Unidos o España); la reina Lakshmibai, símbolo de la resistencia al Raj británico en el siglo XIX, es una heroína nacional; en el estado de Kerala, el sistema de Marumakkathayam aseguraba que la herencia siguiera la línea femenina; e  incluso en la actualidad, existen figuras femeninas relevantes que destacan en sectores tan variopintos como la política, el deporte o la banca: cinco de las principales entidades financieras del país están lideradas por mujeres.

Ni todas las mujeres son víctimas, ni la misoginia es un rasgo inherente y ligado a la historia de la India.

Al considerar la participación de las mujeres en la economía, existen ciertas barreras sistémicas que deben eliminarse. Son elementos que no sólo afectan a su estatus y posición en la sociedad, sino que también influyen a la hora de establecer las bases para avanzar hacia la igualdad de género.

Educación

En la última década, India ha hecho un esfuerzo considerable para mejorar el acceso a la educación para las niñas. La tasa de alfabetización en mujeres pasó del 53% en 2001, al 64,6% en 2011. Incluso en las zonas rurales más pobres el hecho de que las niñas vayan al colegio se considera positivo. El problema llega cuando las familias se ven presionadas por la necesidad económica; en estos casos, suelen ser las niñas las que primero abandonan los estudios, ya que ellos tienen más probabilidades de conseguir un buen trabajo si terminan de formarse.

Es el caso de las hijas de Sailila, ambas adolescentes, que tuvieron que dejar de ir al colegio para ponerse a trabajar de maids (asistentas) y traer dinero a casa. Su madre se casó con 13 años, y tuvo a su primera hija un año después. En su familia siempre han trabajado en la construcción, incluida ella, y las mujeres acostumbraban a coger los trabajos más duros.  Las jóvenes se vieron forzadas a interrumpir su educación antes de tiempo, pero tienen un plan: cada mes, ahorran unas pocas rupias de su escaso sueldo, con la esperanza de pagar un curso para formarse como costureras, y poder trabajar por su cuenta. El hijo pequeño de la familia sigue yendo al colegio, y Sailila confía en que acabe de estudiar antes de empezar a trabajar.

Seguridad

Para que las mujeres trabajen, deben sentirse seguras. No sólo en su lugar de trabajo, sino también en las calles, y en sus hogares. Esto, aún, es una realidad muy lejana. En 2015, la ONU declaró la violencia contra las mujeres una pandemia global. Miles de mujeres son violadas cada día en todo el mundo. 360 en México. 175 en Sudáfrica. En España… dicen que tres. Pero estas son sólo las que denuncian. Y, además de los casos que nunca salen a la luz, muchas, muchísimas más son acosadas, atacadas, insultadas, humilladas… o asesinadas.

En India, la violencia contra las mujeres se considera un mal endémico. Muchas de las mujeres que he conocido ocultan  historias terroríficas de abusos, violencia y acoso. Por parte de padres, hermanos, amigos, primos, jefes… Es algo tan habitual, que ni siquiera aquellas que se consideran feministas, y son conscientes de esos abusos, se atrevieron en su día a denunciar.

En 2015, la ONU declaró la violencia contra las mujeres una pandemia global.

Esta violencia lógicamente afecta a la capacidad de las mujeres para trabajar. Las familias quieren protegerlas: no quieren que salgan a la calle, que se relacionen, que se expongan a ser atacadas. Pero, dejando aparte el hecho de que la violencia en muchos casos se produce dentro del hogar, la realidad es que esconder a las mujeres en casa no las proteje: las invisibiliza.

Matrimonio

“Tengo que estudiar una carrera, un máster, y todo ¿para qué? ¡Para conseguir un mejor marido! No tiene sentido…”. Son las palabras de una amiga, que reflejan un caso muy común entre la creciente clase media urbana. Mujeres jóvenes que van a la universidad, invierten tiempo y estudiar una carrera y especializarse… Pero nunca llegan a incorporarse al mercado laboral. En realidad, trabajar nunca entró dentro de sus planes. Se trata simplemente de conseguir un mejor marido.

El matrimonio concertado es aún un fenómeno muy extendido en India. Para las familias más acomodadas, la educación y formación académica será un elemento clave a la hora de elegir candidata. En cuanto a ellos, se presta atención al salario y perspectivas laborales. Incluso en los casos en los que el matrimonio no es concertado, la familia suele intervenir en la decisión. Como me comentaba otra amiga, hablando de su futuro compromiso con su novio: “mis padres querrán saber cuánto cobra él, ya que aunque yo tengo mi propio trabajo, tienen que asegurarse de que él podrá mantenerme cuando estemos casados”.

Para la mayoría de las familias, una vez la mujer está casada su carrera pasa a un segundo plano… Su papel como esposa y como madre será, a partir de ese momento, el más importante. No se trata sólo de problemas de conciliación laboral, sino de las expectativas en cuanto al rol de la mujer en la familia. La edad a la que contraen matrimonio influye también. En las últimas décadas se ha conseguido retrasar hasta los 22 años. Pero aún, la presión para las jóvenes es tremenda.

La idea de que las mujeres no pueden aprender profesiones especializadas (…) las condena condena a un círculo vicioso de trabajo mal pagado e inestable.

Roles de género tradicionales

Lo que se considera como trabajo tradicionalmente femenino se traduce casi siempre en labores no especializadas y mal remuneradas: labores agrícolas básicas, trabajos de construcción no cualificados, empleo doméstico, trabajos manuales… A eso se añade que suelen ser empleos informales: sin contrato, protección legal ni seguridad.

En India prevalece aún la idea de que las mujeres no pueden aprender profesiones especializadas. Este prejuicio mantiene a las trabajadoras apartadas de empleos cualificados, condenándolas a un círculo vicioso de trabajo mal pagado e inestable.

Impulsar oportunidades de empleo para mujeres en sectores no tradicionales y especializados es esencial para garantizar su independencia económica. Además, ayuda a romper tabúes y a cambiar la percepción de la mujer, y su contribución a la sociedad.