Anita tiene 30 años, es viuda y tiene un hijo de 5 años que vive con los padres de ella en una de las regiones más pobres del estado de Karnataka, en el sudoeste de la India.

A Anita le habría encantado ser profesora, pero de niña no fue al colegio: sólo los niños de su familia podían asistir a la escuela y recibir una educación. Ella, como niña, tuvo que empezar a trabajar a la edad de 7 años, en las plantaciones de té cercanas al pueblo en el que nació. A pesar de haberle sido negada una educación, y de no saber leer ni escribir, Anita habla inglés con fluidez, además de otros cinco idiomas, que aprendió charlando con los turistas que cada año visitan las playas de Goa, donde trabaja por temporadas vendiendo brazaletes, camisetas y sandalias en un pequeño chamizo. Este es solamente su trabajo de verano, y durante el resto del año vive en su región natal, donde recoge té en las mismas plantaciones en las que empezó a trabajar de niña. Gana 250 rupias al día (un poco más de 3 euros), apenas suficiente para mantenerles a ella y a su hijo. “Me alegro de haber tenido un niño en vez de una niña”, comenta, aliviada. “Al menos sé que él podrá ir a la escuela y tener un futuro mejor”.

Anita es un ejemplo de ese ejército silencioso e invisible de mujeres que trabajan en la economía sumergida, en empleos no reconocidos y mal pagados. Millones de ellas no figuran en las cifras oficiales de empleo, pero trabajan, y muy duro: cuidan de las casas, los niños, los ancianos, los enfermos; cocinan, limpian, cuidan de los animales…

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Una mujer en su casa en Mumbai

Las mujeres representan únicamente el 24% de la mano de obra activa en India. En un país de 1300 millones de habitantes, esto supone una inmensa pérdida económica y social. De hecho, esta cifra ha descendido en la última década, desde el 34% del año 2005. Y a pesar de esas figuras, en los casi cinco meses que llevo en India aún no he conocido a una mujer que no trabaje. Las cifras oficiales están, una vez más, muy lejos de la realidad.

Muchas veces veo a grupos de hombres ociosos, jóvenes y mayores, por las calles sin hacer nada, pero no suelo ver mujeres ociosas; siempre están ocupadas, de aquí para allá, discretas, atareadas, sin quejarse, y sin recibir ningún reconocimiento.

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Mujeres luchando por su futuro

La Ley sobre Igualdad de Remuneración se aprobó en 1976, y garantiza la igualdad de oportunidades laborales y salariales entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. Pero la realidad es que en muchas regiones de India, y sobre todo en las zonas rurales, el acceso de la mujer al trabajo es prácticamente nulo. La tradición, las creencias religiosas y supersticiones, y el dominio de una mentalidad patriarcal niegan a muchas mujeres no solo su derecho una educación, sino también su derecho constitucional a trabajar. Y cuando se les permite, es muchas veces para hacerlo en las peores condiciones, sin garantías y muchas veces sin salarios. Por supuesto, este problema no afecta solo a India. Todos sabemos que en todo el mundo las mujeres siguen relegadas a los trabajos menos cualificados, peor pagados y peor reconocidos, y la tendencia se mantiene, como corrobora el informe publicado esta semana por la Organización Internacional del Trabajo. Pero en India, durante los recientes años de boom económico, el número de mujeres que se han sumado a las cifras oficiales de trabajadores en lugar de aumentar se ha reducido: muchas han pasado a las filas de los trabajos no registrados, y no remunerados. Esto sí es más sorprendente.

Algunas medidas recientes por parte del Gobierno parecen dar tímidos pasos para abordar el problema de la discriminación de género: para intentar aumentar la incorporación de mujeres al mercado laboral se ha aumentado la duración del permiso de maternidad, que pasa de 12 a 26 semanas, y se extiende a mujeres que trabajan tanto en el sector público como privado. También como una muestra de apoyo a la igualdad de género el presidente indio anunciaba recientemente que el ejército aceptará mujeres para ocupar puestos de combate en todas sus ramas, y por primera vez en enero de este año un contingente militar compuesto solo de mujeres marchó en el Desfile del Día de la República, en Nueva Delhi.

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Los derechos a la educación y al trabajo se les niegan sistemáticamente a millones de mujeres en todo el mundo

También existen iniciativas privadas que tratan de hacer avances en la reivindicación de los derechos de la mujer: la plataforma Sheroes, dirigida por Sairee Chahal, ofrece oportunidades de trabajo exclusivamente a mujeres que quieran incorporarse al mercado laborales en distintas etapas de su vida. El vuelo AI 13 de Air India se convirtió ayer en el de mayor duración con una tripulación exclusivamente femenina, al cubrir las 17 horas entre Nueva Delhi y San Francisco para conmemorar este 8 de marzo. Y numerosas asociaciones y ONGs realizan una importante labor de formación y educación, como la española Sonrisas de Bombay, que ofrece programas de aprendizaje para mujeres en situaciones desfavorecidas, con la intención de darles las herramientas necesarias para encontrar un trabajo, y así contribuir a la economía familiar o alcanzar la independencia económica.

Pero estas siguen siendo medidas cosméticas que no abordan las causas reales del problema. Pequeños pasos en una tarea descomunal.  Incluso entre las mujeres más educadas y de las capas más privilegiadas de la sociedad se impone la mentalidad tradicional y patriarcal: el matrimonio, los hijos y la vida familiar prevalecen normalmente sobre su desarrollo profesional, personal e intelectual.


Un anuncio reciente de la marca de detergente Ariel se hizo viral en las redes: mostraba a un hombre de unos sesenta años, que se disculpaba en forma de carta ante su hija por haber permitido durante años que ella y su madre se encargaran solas de todas las tareas domésticas. Por mucho éxito que haya tenido el video, se trata de una actitud deseable pero a años luz de la realidad en India. Las mujeres siguen siendo ciudadanas de segunda clase, y hasta que no obtengan el apoyo pleno, real y efectivo por parte del gobierno y de la sociedad, cualquier avance será insuficiente. En una de las economías que más rápido crecen en el mundo, la mitad de la población no debe ni puede quedarse atrás. No habrá progreso real en India si las mujeres no forman parte de él.