Hace unas semanas que nos hemos instalado por fin en el que va a ser nuestro hogar durante los próximos meses, un pequeño apartamento en el barrio de Bandra West, al oeste de Mumbai. Bandra es la zona cool de la ciudad, es como vivir en el Malasaña de Mumbai (salvando las distancias), y es también el barrio en el que aparentemente la mayoría de los extranjeros (o expats, como se denomina a los inmigrantes ricos) viven. Bandra es un barrio bastante agradable, más limpio de lo habitual en esta ciudad, más verde, y la cercanía con el mar hace que la contaminación sea un poco más llevadera. Es además donde muchos artistas y estrellas de Bollywood poseen sus mansiones y pisos de lujo, una especie de versión india de Beverly Hills. Muchas veces veo a gente apelotonada a las puertas de alguna vivienda, esperando a que salga la celebridad de turno para hacerse selfies, otra de las obsesiones de los indios (jóvenes y mayores). Pero el lujo convive una vez más con la miseria, y cientos de familias malviven en chabolas junto a la autopista, detrás de la estación de tren, y entre la basura acumulada en la playa.

Bandra Station

Bandra Station por delante

Bandra Station 2

Bandra Station por detrás

Como todo en Mumbai, Bandra tiene mil y una facetas distintas: es el barrio pijo y lujoso; el barrio cristiano, con reminiscencias de su origen portugués en las iglesias y las destartaladas casitas de estilo colonial; el barrio del street art y el grafiti, que conserva también en algunas calles algo de su pasado como pueblo pesquero.

building

Bandra Colonial

Dos largos paseos marítimos recorren la costa oeste de Bandra, el Bandstand Promenade, y el Carter Road Promenade. Es un respiro poder pasear aislada del tráfico, sin tener que estar en alerta constante y preocupada buscando una acera por la que caminar. Claro que, como no podía ser de otra manera en este lugar, se juntan los extremos: estás caminando por el paseo, disfrutando del aire medio limpio y las vistas de las palmeras y el mar azul-marronáceo, y de repente, al llegar a la esquina del popular Carter Express te estalla en la nariz un olor a letrina… Y es que las rocas que avanzan hacia el mar desde el muro que bordea el paseo se convierten en eso: una inmensa letrina para los habitantes de las infraviviendas que se alinean al otro lado de la calle.

Sí, estos señores están haciendo caca.

Sí, estos señores están haciendo caca.

Es chocante mirar al mar y encontrarte con lo que parece una convención de caganers entre las rocas. El agradable y exclusivo Carter Road promenade se transforma de nuevo en Dattaram Lad Path, una calle “normal” con sus chabolas, su basura por el suelo y sus decenas de hombres que hacen sus necesidades (menores y mayores) a plena luz del día, a apenas 20 metros del paseo. Welcome to India! Es cierto que si sigues el mar hacia el sur, por el Bandstand promenade, encontrarás menos cagaderos públicos (aunque a ciertas horas también puedes sorprenderte mirando un culo en pompa acuclillado mientras contemplas el horizonte). La razón es que al final de este segundo, y aún más exclusivo, paseo marítimo se encuentra el lujoso hotel Taj, con su imponente entrada y sus conserjes uniformados. Cerca del Taj está también Bandra Fort, un antiguo fuerte de la época portuguesa (Castella de Aguada es su nombre original), que a pesar de los esfuerzos recientes por restaurarlo, no tiene nada interesante que ver. En cualquier caso, a nadie parece importarle lo de los cagaderos en la orilla, y la gente se hace fotos frente al mar ignorando el hecho de que todos esos hombres acuclillados ni siquiera tienen un váter o un aseo al que ir, viviendo en la ciudad más rica de una de las grandes potencias emergentes del planeta. No me quiero imaginar lo que tendrán que hacer las mujeres cuando quieran ir al baño… Imagino que tendrán que esconderse por la noche en algún rincón…

Entre ambos paseos se incrusta una pequeña playa rocosa en la que los barcos pesqueros reposan durante el día. Esta playita debió ser en algún momento un lugar bonito y relajante, desde donde observar las puestas de sol sobre el océano. Ahora es un vertedero de basura y plásticos llegados del mar, en el que viven decenas de familias. Allí conocí hace poco a Sanjita y a su familia, cuya chabola se sitúa en lo alto de las rocas que bordean esta cala-basurero. Allí conviven con perros, gatos, cerdos, gallos y gallinas. Los niños corretean descalzos entre la basura, y a mi se me parte el alma viéndoles jugar entre la mierda, pero intentando no ofenderles sonrío y les digo que estoy fotografiando el bonito atardecer en la playa.

Sanjita (la que sonríe) y su familia viven en primera línea de playa. :(

Sanjita (la que sonríe) y su familia viven en primera línea de playa. 🙁

Bandra es también el barrio cristiano, y al parecer en Mumbai ser blanco y europeo es sinónimo de ser cristiano y creyente. Una pregunta muy común que me hacen es a qué iglesia pertenezco. En un par de ocasiones he intentado explicar que, aunque bautizada por la Iglesia católica, soy atea y no me identifico con ninguna iglesia, pero esto solo parece generar confusión. “Pero entonces, ¿en qué crees?” me cuestionan, suspicaces. “Creo en la ciencia, en el progreso, en la humanidad”, les contesto. Me miran un poco incrédulos, pero parece ser suficiente. Al menos creo en “algo”. El caso es que a veces, por simplificar, es más fácil contestar que sí, que soy cristiana, y entonces viene el momento incómodo en el que me invitan a tal ceremonia o misa. La semana pasada asistí a una “misa” en la playita llena de basura. Varias familias se congregan allí cada sábado para cantar canciones, rezar, y recordar lo bueno que es Dios y todo lo que les da generosamente. Sentados entre los plásticos escuchábamos al pastor explicando cómo hay que obedecer al Señor porque así tendremos una vida feliz y plena. Yo estaba temblando de indignación, pensando que Dios podría tirarse el rollo y darles a esta gente al menos un aseo o un lavabo donde limpiarse después de un largo día entre la basura… Pero a ellos parece bastarles el consuelo de que, aunque les haya tocado una vida de mierda, cuando mueran irán al cielo y todo será perfecto.

Hay cristos y vírgenes por todas partes.

Hay cristos y vírgenes por todas partes.

A pesar de la mayoría cristiana, en Bandra también conviven más religiones de forma pacífica: junto a las iglesias, las mezquitas y templos hindús se levantan por todo el barrio, y cada semana se celebran en las calles distintas procesiones y festivales religiosos. Con todos sus rituales, creencias y ceremonias, la religión es una vez más omnipresente.

En definitiva, vivimos en uno de los barrios más multiculturales, variados y animados de una de las ciudades más grandes y plurales del mundo. Cada día es una aventura, y no sabes lo que te encontrarás al salir a la calle. Resulta agotador, pero también muy enriquecedor.

Hacer amigos es fácil en las calles de Bandra.

Hacer amigos es fácil en las calles de Bandra.